20 octubre, 2009

La Tristeza y la Alegria

LA ALEGRÍA Y TRISTEZA

La alegría y la tristeza son definidos como estados efímeros en las personas. El cuerpo cumple una función importante al expresar estas dos condiciones que se presentan en el ser humano. Una persona alegre refleja en su rostro y en su cuerpo salud, cambian los ojos, las palpitaciones, la mirada, la piel se ve mejor, la vos se hace más clara y profunda. En la tristeza por el contrario la piel se oscurece, los ojos se apagan, la vos se corta y los músculos están flácidos.

La alegría y la tristeza hacen parte de las pasiones humanas pero se vuelven patológicas cuando las personas se sumen en uno de estos estados. Cuando una persona empieza a padecer de tristeza de manera muy frecuente esto se convierte en depresión que es una enfermedad psíquica que debe ser tratada por profesionales, cuando la alegría llega a puntos extremos y se hace demasiado continua la persona puede empezar a padecer de manía donde se dan estados de sobre exaltación del ánimo que pueden ser peligrosos por las decisiones que tomen las personas mientras lo están padeciendo.

La depresión es una tristeza crónica. En la sociedad que estamos viviendo, con la cantidad de información, la globalización los seres humanos responden todo el tiempo a los estímulos que le llegan de su medio ambiente.

La Ciclotimia:

es un ciclo que va de la alegría a la tristeza y que es muy común en los jóvenes y tiene mucho que ver con el estado de transformación y de definición de cada persona. Aunque es normal que entre los adolescentes y los jóvenes se den cambios espontáneos en sus estados de ánimo es necesario estar alerta si estos cambios se vuelven muy frecuentes y empiezan a ser patológicos.

En esto de la tristeza y la alegría también tienen que ver los aprendizajes culturales, sabemos que el clima influye mucho y las personas que habitan en lugares cálidos son más espontáneas y alegres que las que habitan en lugares fríos. Pero no sólo eso, culturalmente es bien sabido que a los hombres todavía se les hace un poco difícil expresar y demostrar sus emociones y sentimientos y se sienten mal por ejemplo llorando frente a otras personas.

Estamos conscientes de que hay una nueva masculinidad y que cada vez hombres y mujeres están más equilibrados como seres humanos pero aún hay rezagos de viejas tradiciones. También hay que ser conscientes que en muchas oportunidades la tristeza puede ayudarle a las personas a reflexionar sobre su vida. A diario los jóvenes se interesan en buscar nuevas experiencias que los hagan vibrar, que los hagan sentirse vivos y dueños del mundo, a veces estas ganas mal enfocadas llevan a los jóvenes a caer en consumos de drogas.

Ahora el Extasis que es una droga sintética está muy en boga dentro de la juventud no solo de Colombia sino de todo el mundo, los jóvenes buscan a través de esta sustancia tener energía, alegría, deseo sexual durante toda una noche y poder bailar hasta el amanecer sin ningún tipo de inhibiciones. Es importante que los padres de familia y los educadores estén pendientes de las actividades de sus hijos y alumnos para entrar a ayudar cuando surja un problema en un momento determinado.


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La tristeza y la alegría como expresión del vacío de la vida.

Elsy Rosas Crespo.

Quien es muy alegre debe ser un hombre bueno, pero quizá no sea el más inteligente, aunque logra aquello a lo que el más inteligente aspira con toda su inteligencia.
Nietzsche

El origen de la sonrisa, según la explicación de los etólogos, proviene del hecho de mostrar las dientes en señal de inconformidad ante la presencia de un adversario, como cuando un perro de la calle, por ejemplo, quiere apropiarse del lugar, la conquista o el alimento de otro que por cuestión del azar llegó primero. La sonrisa no tiene un origen enaltecedor, es la expresión emotiva de quien sabe que va a triunfar incluso antes de haber comenzado la competencia o se halla en posición de superioridad y quiere parecer indulgente. Cuanta más ventaja o mayor rango más prodigalidad en la concesión de sonrisas, si se gruñe o no se sonríe es porque todavía no hay apropiación cabal de posición dominante o simplemente el portador del rostro -la máscara, la personalidad- no ha descubierto los beneficios que aporta el hecho de desplegar una amplia sonrisa. En un libro que se titulara Cómo tratar a sus subordinados con toda seguridad se aconsejará al ejecutivo que sonría cuando llegue a la oficina para que los demás entiendan de una vez por todas quién es el capitán del barco.

Sonreír parece un acto noble, expresión cabal de tolerancia, respeto y aceptación, pero puede ser también desafío, superioridad manifiesta ante quien recibe las muestras de afecto. Si uno se presenta como un regalo ante los demás y la naturaleza lo ha dotado con cualidades físicas, morales o intelectuales excepcionales, la sensación de suficiencia o aplomo que sugiere la actitud puede resultar incómoda o irritante para aquellos a quienes el azar no les brinda ni siquiera la ilusión de llegar a soñar con ser la caricatura de aquello que los deslumbra.

La risa y el llanto son confirmación del vacío de la vida, pero es preferible soportar una risa desenfrenada que una amargura mal justificada:

Produce a la verdad un singular efecto el pasearse tan tranquilamente por los restos de tantas agitaciones; encontrar a cada paso males previstos que no sobrevinieron, bienes esperados que no se realizaron, y para colmo de miserias las huellas de violentas preocupaciones a propósito de hechos ignorados, que no están indicados, y cuya memoria misma, si se encuentra, no nos dice nada. Semejante paseo debería ser suficiente para enseñarnos a sobrellevar con calma el vaivén de todas las cosas de este mundo (Tocqueville. 1985: 24).

Un acto heroico: ser consciente de las calamidades de la vida, la imposiblidad de saber nada con certeza, la inestabilidad de todo a nuestro alrededor y, sin embargo, asumir una actitud valerosa, no dejar de perseverar en la búsqueda de curiosidades intelectuales, acoger el siguiente consejo: "No hay cosa mejor para el hombre que coma y beba y que su alma se alegre en su trabajo (Eclesiastés 2-24), que su trabajo se constituya en el cultivo de la sabiduría:

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino... No la dejes y ella te guardará; Amala y te conservará. Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.

Engrándecela, y ella te engrandecerá. Ella te honrará cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de hermosura te entregará (Proverbios. 3-4).

El régimen de la alegría

El régimen de la alegría es del todo o nada: sólo hay alegría total o no hay ninguna alegría.
Clément Rosset

Si se acepta que nadie es imprescindible y la única verdad consiste en saber que estamos condenados a repetirnos generación tras generación será fácil convertir la vida en una tragedia o reirse de ella, vivir el instante como lo único real y digno de atención, tratando de buscar grandeza en lo banal, en lo cotidiano:

Hay algunos que creen que la estampa deslumbrante de los fuertes y los sabios perdura más que la de los humildes y degraciados... Basta con que mires el firmamento, para que el horizonte despierte en ti la certeza de la futilidad de aquellos que se creen eternos revelándote su tonta pedantería... Cada hombre sobresaliente es la imagen renovada de otro ya muerto y las acciones sorprendentes de algunos sólo son el recuerdo de las valientes y bellas empresas de nuestros ancestros (Serrano. 2003: 175).

Tampoco hay nada nuevo que se pueda decir para comprender o explicar el mundo o la realidad:

Hay verdades que son eternas; lo que cambia, a mi entender, es el momento en que se plantean y la manera como se plantean. La primera consecuencia de ello es la de volver a lo que quizá sea la primera virtud intelectual, o por lo menos aquello que en sus comienzos era el trasfondo del pensamiento filosófico: la prudencia. La prudencia contra la arrogancia, contra el orgullo, contra la pretensión, contra la paranoia que puede verse como una de las características intelectuales de hoy. La prudencia siempre ha estado orgánicamente anclada sobre la vida cotidiana, sobre la vida banal. De ahí la necesidad, a veces, de volver a lo banal (Maffessoli. 1993: 21).

Así como es más razonable evitar el dolor que buscar la felicidad, tiene más sentido desear la alegría que cultivar la tristeza. La alegría resulta de la plenitud y la tristeza de la carencia, se trata de estados de ánimo motivados uno por exceso de presencia y el otro por ausencia total de algo que no se sabe explicar. Aunque ninguno de los dos estados de ánimo transforma la realidad, es más peligrosa, seductora y contagiosa la tristeza que la alegría, y, sin embargo, se supone que el triste es superior, más inteligente y capaz que el alegre. La risa se condena por ser considerada como manifestación de estupidez, ignorancia o superficialidad.

A partir de los planteamientos de Aristóteles en su Problema XXX,1 se ha enaltecido de manera excesiva el valor del silencio, la soledad y la tristeza como rasgos propios de los espíritus refinados, seres destinados a sobresalir como artistas, guerreros o filósofos. Si se observa con detenimiento la historia del arte o de la filosofía se puede constatar que la melancolía no es un requisito fundamental para desarrollar una obra, el proceso espiritual o intelectual no se hace más efectivo si el artista es triste, en muchas ocasiones la tristeza se halla más relacionada con frustración, timidez o indignación:

El hombre indignado, y todo aquel que con sus propios dientes se despedaza y se desgarra a sí mismo (o, en sustitución de sí mismo, al mundo, a Dios, o a la sociedad), ése quizá sea superior, según el cálculo de la moral, al sátiro reidor y autosatisfecho, pero en todos los demás sentidos es el caso más habitual, más indiferente, menos instructivo. Y nadie miente tanto como el indignado (Nietzsche. 1999: 55).

La alegría y la tristeza parecen ser dos caras de la misma moneda, ninguno de los dos estados da cuenta de su razón de ser, de su naturaleza, pero la percepción que el triste o el alegre realiza de sí mismo, tanto como la relación que establece con el exterior -con personas, acciones e ideas- es radical: todo adquiere un sabor dulce o amargo, cuando se es muy triste o muy alegre no se admiten términos medios.

La alegría y la tristeza son estados de ánimo creados, artificiales, construidos a partir del deseo de quien experimenta la sensación de tenerlo todo o de estar falto de algo:

Así como el alegre es incapaz de decir el motivo de su alegría y expresar la naturaleza de lo que le colma, el melancólico no sabe precisar el motivo de su tristeza ni la naturaleza de lo que le falta -salvo que se repita con Baudelaire que su melancolía carece de contenidos y lo que le falta no figura en el registro de las cosas existentes... De ahí la diferencia fundamental entre el vacío romántico y el vacío alegre: el primero fracasa al describir lo que no existe, el segundo al hacer el recorrido completo de lo que existe. En otras palabras, la alegría siempre anda relacionada con lo real, mientras que la tristeza se debate sin cesar, y ahí reside su propia desdicha, en lo irreal (Rosset. 2000: 14).

Humor, frivolidad y seriedad.

El humor es una herramienta crítica de gran eficacia, manifestación de grandeza que pareciera revelar que en última instancia todo es absurdo y por lo tanto la mejor alternativa consiste en reir, es una afirmación de dignidad, declaración de superioridad ante los acontecimientos. Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado lleno de uno mismo.

Para convertirse en "maestro del humor negro y la ironía" es necesario pasar por prolongados periodos de tiempo en los que el principal objeto de análisis y observación sea uno mismo pero sin tomarse en serio, se debe haber padecido lo que, por ejemplo, expresa un hombre como Flaubert:

Hubo un tiempo en que me mirabas como un egoísta celoso que se complacía rumiando perpetuamente su propia personalidad. Eso es lo que creen quienes ven la superficie. Lo mismo ocurre con ese orgullo que tanto indigna a los demás y que, no obstante, cuesta tamañas miserias. Al contrario, nadie ha aspirado a los demás más que yo. He ido a olfatear estiércoles desconocidos, me he apiadado de muchas cosas ante las que no se enternecían las personas sensibles... Sin embargo, creo que la ironía domina la vida. ¿por qué, cuando he llorado, he ido con frecuencia a mirarme al espejo, para verme? Esta disposición para planear sobre uno mismo es quizá la fuente de toda virtud. Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella. La comicidad llegada al extremo, la comicidad que no hace reír, el lirismo en la broma es para mí lo que más me seduce como escritor. Ahí están los dos elementos humanos (Flaubert. 1989: 189).

El sentido del humor es el término medio entre frivolidad y seriedad: para el frívolo nada tiene sentido, para el serio todo es trascendente. El frívolo se ríe siempre, es insípido y molesto, no se preocupa por evitar herir a otros con sus comentarios, para el serio todo es profundo. El serio confía en que el camino que recorre lo conducirá hacia el lugar con el que sueña, cree que podrá descubrir algo nuevo sobre la faz de la tierra y suele concebirse como centro y fin del universo aunque no lo manifieste.

La risa amarga en el artista triste

Quien esquiva los grupos, la vida comunitaria, y, sin embargo, tiene un don especial para divertir con sus ocurrencias cuando se halla en reuniones sociales, por lo general desprecia a quienes divierte, cuando se vuelve a encontrar consigo mismo suele sumergirse en prolongados estados depresivos, le pasa lo que, como explica Flaubert a Louise Colet, ocurre con los champiñones cuando se les acerca al fuego: despiden su jugo y luego quedan aún más secos. Estos "humoristas" suelen ser observadores minuciosos y desapasionados del comportamiento humano, seres solitarios y sutiles que se divierten en los funerales y se deprimen en los festivales, un "animal pletórico de genio, sufriendo y exhalando todos los suspiros y todas las ambiciones" (Baudelaire. 1995: 33).

Baudelaire soñaba con lo que logró a través de la escritura y por eso es tan vital. Para el famoso prefacio a Las flores del mal quizo "una mezcla de misticismo y travesura"; consideraba que "la absoluta franqueza es el procedimiento más original para un artista"; se propuso "relatar pomposamente los asuntos más cómicos" y fantaseaba con "una amplia sonrisa en un hermoso rostro de gigante". Dos cualidades literarias: "sobrenaturalismo e ironía". Considera que "lo que existe de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de disgustar" y seguramente uno de sus plegarias más frecuentes fue: "Señor y Dios mío, concédeme la gracia de escribir algunos buenos versos que me prueben a mí mismo que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a aquellos a quienes desprecio" (Baudelaire. 1995: 20-36).

En una de sus cartas escribió, refiriéndose a Las flores del mal:

Debo deciros, ya que no lo habeis adivinado más que los demás, que en ese libro atroz he puesto todo mi corazón, toda mi ternura, toda mi religión (enmascarada), todo mi odio, toda mi mala suerte. Verdad es que escribiré lo contrario, que juraré por todos mis dioses que es un libro de arte puro, de monerías, de malabarismos, y mentiré como un sacamuelas (Citado por Bataille. 1971: 58).

Sobre la franqueza como el mejor recurso estético Flaubert también es enfático. "Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa... Lo que vuelve tan hermosas las figuras de la Antigüedad es que eran originales: ahí está todo, el sacar de uno mismo" (Flaubert. 1989: 95-190).

También reflexionó, como Baudelaire, Sobre la relación entre estética, estoicismo y misticismo, siempre en función de un mejor ejercicio como artista:

No presumo de ir hacia un falso idel de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas de las que ya no se vuelve... No he podido llegar al estoicismo, al que nada afecta, y que no se rebela más ante la estupidez que ante el crimen; pero he conseguido librarme completamente de todo cuanto puede mostrarme la estupidez humana... Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir (Flaubert. 1989).

Cuando las personas solitarias encuentran compañía o se expresan en público suelen parecer rústicas y desalmadas no precisamente porque sean mal educadas o hallan perdido el alma sino porque durante su encierro, soledad y silencio han dispuesto de tiempo para observar y descubrir relaciones entre acciones, reacciones y sentimientos, se han ejercitado en el arte de lo cómico, lo irónico y lo didáctico sin que se trate de una habilidad premeditada, se trata de una destreza nacida de circunstancias concretas que desarrollan estados de ánimo y capacidades sensoriales de las que no se es plenamente conciente.

He aquí la reflexión sobre un tema sublime (la fusión entre amor y erotismo) realizada por dos observadores sutiles:

El amante jadeante sobre su bella amada,
Semeja un moribundo que su tumba acaricia.
(Baudelaire. 1982: 30).

Máximas sueltas: no son sinceras consigo mismas; no se confiesan sus propios sentidos; confunden su culo con su corazón, y creen que la luna está hecha para alumbrar su cuarto
(Flaubert. 1989: 187).

Un polvo dura un minuto y lo has deseado durante meses
(Flaubert. 1989: 291).

La clave del efecto consiste en hablar o escribir con énfasis y descaro sobre situaciones cómicas o triviales que suelen concebirse "por la gente sensible" como asuntos serios o sublimes.

Lo que divierte, asombra y se convierte a veces en revelación en este tipo de textos no es el hecho que se menciona sino la crudeza, lograda a través de la selección y combinación de palabras, ya que "Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza" (Flaubert. 1989: 213).

Schopenhauer, un experto en este tipo de escritura, considera que "son los ejemplos de talla colosal los que dan las explicaciones más evidentes en todas las materias". En la siguiente cita, después de haber explicado la diferencia entre orgullo y vanidad, pasa a relacionar estas cualidades humanas con el amor a la patria:

Todo el que posee méritos personales distinguidos, reconocerá más claramente los defectos de su propia nación, puesto que siempre la tiene presente a la vista. Pero todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de lo que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad; en eso se ceba, y, en su gratuidad, está dispuesto a defender (con manos y pies) todos los defectos y todas las tonterías propias de esta nación. (Schopenhauer. 1998: 38).

Flaubert también escribío ácidas páginas en torno al amor a la patria y al humanitarismo:

En cuanto a la idea de la patria, es decir, de cierta porción de terreno dibujada en el mapa y separada de las demás por una línea roja o azul, ¡no! La patria es para mí el país que quiero, es decir, con el que sueño, aquel en que me encuentro bien. Soy tan chino como francés, y no me alegro nada de nuestras victorias frente a los árabes, porque me entristecen sus reveses. Quiero a este pueblo áspero, persistente, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuesta valiente civilización que tiembla de ira (Flaubert. 1989).

Bibliografía

Bataille, George. La literatura y el mal. Madrid: Taurus. 1971.

Baudelaire, Charles. Las flores del mal. Bogotá: Oveja negra. 1982.
__________ Mi corazón al desnudo y otros papeles íntimos. Madrid: Visor. 1995.

Flaubert, Gustave. Cartas a Louise Colet. Madrid: Siruela. 1989.

Maffesoli, Michel. El conocimiento ordinario. Compendio de sociología. México: Fondo de Cultura Económica. 1993.

Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Madrid. Altaya. 1999.

Rosset. Clément. La fuerza mayor. Notas sobre Nietzsche y Ciorán. Madrid: Acuarela. 2000.
________ El principio de crueldad. Valencia. Pre-Textos. 1994.

Schopenhauer, Arthur. La sabiduría de la vida - En torno a la filosofía - El amor, las mujeres y la muerte y otros temas. México: Porrúa. 1998.

Serrano, Enrique. Tamerlán. Bogotá: Seix-Barral. 2003.

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869


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Alegria y Tristeza

Entonces fue cuando una mujer pidió: Háblanos de la Alegría y de la tristeza.


Y él respondió:

La alegría es una tristeza sin máscaras.

· El mismo manantial de donde mana vuestra risa ha estado frecuentemente lleno de lágrimas.

Y ¿Cómo podría ser de otro modo?.

Cuanto más profunda sea la hendidura dejada por los infortunios, mayor será la alegría que ésta pueda contener.

¿La fresca copa en que degustas el vino, acaso, no es la misma que ardía en los hornos del alfarero?

¿Y el laúd en que tu alma encuentra tanta plenitud no es acaso, la misma madera que fue taladrada por el cincel?

Cuando experimentes la alegría busca en tu corazón y encontrarás que, lo mismo que te produjo tristeza es lo que hoy te procura alegría.

Y cuando te lleguen las tribulaciones, vuelve a mirar en tu corazón y te darás cuenta que estás llorando por aquello mismo que otrora fuera tu alegría.

Algunos de entre ustedes comentan;

"La alegría es mayor que la tristeza".

Y otros dicen:

"No, la tristeza es más profunda".

Pero yo digo que tristeza y alegría son inseparables.

La una no va sin la otra y si una se establece contigo recuerda que, la otra no está lejos, ella reposa quizá, y en tu lecho.

En verdad estas suspendido como los dos platos de la balanza, oscilando entre tus alegrías y tus tristezas.

Sólo cuando encuentres el vacío, tu encontrarás el equilibrio y la estabilidad.

Pues, cuando el tesorero equilibra la balanza, para pesar su oro y su plata, es imperioso que las penas y alegrías sean efecto del desequilibrio en la balanza.


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La Alegría y la Tristeza

Tu alegría es tu tristeza descubierta.
Surgen de un mismo manantial tu risa y tus lágrimas.
No puede ser de otra manera.
Mientras más hondo llegue tu pesar en tu corazón, más sitio habrá para tu alegría.

Cuando estés contento mira en el fondo de tu corazón: comprobarás que sólo lo que te causó tristeza te devuelve alegría;
Y cuando estés triste, vuelve a mirar en tu corazón: comprobarás que está llorando por lo que fue tu placer.

Hay quienes tienen la costumbre de afirmar: "La alegría es superior a la tristeza"; y y otros: "No , la tristeza es un sentimiento más profundo".
Yo te digo que siempre van juntos.
Llegan unidos y cuando uno de ellos se sienta a la mesa junto a ti, el otro aguarda en tu lecho.

En verdad, estás suspendido entre tu alegría y tu tristeza como fiel balanza.
Sólo cuando te encuentras vacío tu peso permanece quieto y equilibrado.

De tal manera que, cuando el que cuida el tesoro te levante para pesar su oro y su plata, es necesario que tu alegría y tu tristeza suban y bajen.

Kahlil Gibrán
El Profeta

http://yvettereydet.blogspot.com/2006/04/la-alegra-y-la-tristeza.html


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La Alegría y la Tristeza

Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.
Y el mismo pozo del que mana vuestra risa, ha estado con frecuencia lleno de vuestras lágrimas.
¿Cómo podría ser de otra manera?
Cuanto más profundo ahonde el pesar en vuestro corazón, más alegría podrá contener.
La copa que contiene vuestro vino, ¿no es la misma que estuvo quemándose en el horno del alfarero?
Y el laúd que serena vuestro ánimo, ¿no es la misma madera que fue ahuecada con cuchillos?

Cuando tembléis de alegría, mirad en lo hondo de vuestro corazón y comprobaréis entonces que sólo aquello que os ha dado tristeza os está devolviendo alegría:
Cuando tembléis de tristeza, mirad nuevamente en vuestro corazón, y comprobaréis llorando por lo que antes fuera vuestra alegría.

Algunos de vosotros soléis decir: “La alegría es superior a la tristeza”; y otros: “No, la tristeza es superior”.
Mas yo os digo que ambas son inseparables.
Juntas llegan, y cuando una se sienta a vuestro lado en la mesa, la otra espera durmiendo en vuestra cama.
Realmente estáis como el fiel de la balanza entre vuestra alegría y vuestra tristeza.
Sólo cuando estáis vacíos vuestro peso está quieto y en equilibrio.
Cuando el guardián del tesoro os llame para pesar su oro y su plata, vuestra alegría o vuestra tristeza harán oscilar a un lado o a otro el fiel de la balanza.

Jalil Gibran



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No es fácil poner nombre a las emociones a los seis o a los ocho años. ¿Qué siento cuando estoy... contento, furioso o muerto de miedo? ¿Qué me pasa? ¿Cómo saberlo? El adulto no siempre sabe interpretarlo. Como mucho, la pista de una rabieta, o la creciente excitación ante algo que acontece o que va a suceder en unas horas. Pero si los libros explican el mundo, no podían dejar de desentrañar las emociones. Además de historias de ficción pura, los niños cuentan ya con ensayos elementales o relatos en los que se filtra algún mensaje educativo a la carta. Una tendencia a la que se suman cada día más editoriales.


Clásicos amigos

Cumpleaños de Nicolás

Hace ya cinco años, la editorial SM, una de las pioneras, inauguró la colección Cuentos para Sentir, iniciada por Begoña Ibarrola y destinada a cultivar la inteligencia emocional o la autoestima. La misma editorial cuenta con una colección aún más básica, Cuando me Siento..., para niños menores de 6 años. En los últimos tiempos son muchos los sellos editoriales infantiles que han introducido las emociones y la autoestima en sus textos y catálogos aunque sea de manera transversal, como Kalandraka, Kókinos, Edebé, La Galera y Alfaguara infantil.

Los últimos títulos de Ibarrola que acaban de aparecer y que ocuparán probablemente varios estantes de la Feria del Libro de Madrid son El ladrón de estrellas (sobre el amor) y El oso gruñón (sobre el enfado). Además, los pequeños lectores encontrarán otras novedades en la misma dirección: No te vayas... (sobre las despedidas), de Kókinos; Orejas de mariposa (o de cómo una niña a la que alguien osa llamar orejotas acaba saliendo airosa con autoestima e imaginación), y Cerca, una reflexión poética sobre la incomunicación y las emociones, de Kalandraka; además de Donde viven los monstruos de Alfaguara infantil y El nacimiento del dragón de Faktoría K.

De cualquier modo, son muchos los títulos que sin ser estricta novedad cautivan a niños y libreros infantiles. Cristina López, responsable de la librería Luces, de Málaga, evoca la colección Hada Menta de La Galera; Heinemann, con Librosaurio 3-6 Años, y Bruño, con Mini Miedos. Dentro de esta tendencia, Debolsillo inyecta dosis de autoestima con la serie ¡Eres Genial (tal como eres!) con un doble formato: para niñas y para niños. "Estas colecciones trabajan con bastante acierto la inteligencia afectiva y algunos títulos acaban siendo los más vendidos o solicitados", afirma López.

El creciente interés de padres y maestros por estos temas es notorio, asegura Pilar Pérez, responsable de la librería madrileña El Dragón Lector: "Hay asuntos que interesan a niños y padres, como los celos, las mentiras o la timidez". El abanico de títulos es muy amplio. Uno de los más valorados de SM es ¡Qué emoción? (O cómo saber lo que se lleva dentro), de Cecile Gabriel, a base de un sugerente formato de fotografías y pequeños textos.

"A los niños se les enseña todo tipo de conocimientos, pero no a gestionar sus emociones", reflexiona Elsa Punset, autora de Brújula para navegantes emocionales (Aguilar). Algo que no es tan ajeno al fracaso escolar. "Hasta los 6 y 7 años se aprende a tener confianza o miedo y se adquieren los patrones emocionales básicos", prosigue Punset. El sistema educativo potencia el conocimiento racional, mientras que la inteligencia afectiva se diluye en un conjunto de normas de conducta que tiene su vertiente práctica en los consejos del tutor y las relaciones con los compañeros. Sin embargo, a los menores les cuesta entender que su mejor amigo tiene también otros amigos o que el perro doméstico puede enfermar y morir... Y sentirte triste por ello.

"Muchas veces los padres desconocen qué es lo realmente importante. No hay que limitarse sólo a lo cognitivo", insiste Elsa Punset. Pensando en padres y educadores Oniro publica Inteligencia. Emocional. Con un enfoque solidario; Intermón edita Valores, y ediciones San Pablo, La clase de los peques.

Algunos de estos libros generan debate, a pesar de ser apreciados. Por un lado, hay títulos que más que identificar las emociones se deslizan hacia la autoayuda; por otro, los que abordan conflictos familiares, como el divorcio de los padres, parecen dictar al niño lo que debe sentir. "No hay que darles todo tan digerido", advierte la responsable de la librería madrileña La Mar de Letras, Marta A. Balmaseda. Resulta más eficaz, dice, "una historia que no tenga en apariencia nada que ver con el problema que queremos tratar, para que desde ella el niño pueda hablar de lo que siente. Por ejemplo, para el tema de los celos entre hermanos recomiendo un clásico del álbum ilustrado: Óscar y la gata de medianoche, de Jenny Wagner (Lóguez), que cuenta la historia de una anciana y su perro, y de una gata que se cuela en la casa de ambos, creando un conflicto".

Huir de los libros "poco sutiles y que carecen de calidad literaria", recomienda Balmaseda. "El caso de Begoña Ibarrola es excepcional porque además de escritora es psicóloga y ha conseguido un producto hecho con cabeza y con acierto", prosigue. "Al final de sus textos viene, además, un pequeño esquema para que los padres sepan qué preguntar al niño, o hacia dónde orientar la historia. De ese modo", argumenta Balmaseda, "el pequeño se verá menos manipulado y expresará libremente sus sentimientos, que es lo curativo".

Para niños de finales de Primaria y de ESO el tono didáctico desaparece. La mayoría de los sellos editan pequeños ensayos o novelas en los que subyace la apuesta por los sentimientos o la inteligencia afectiva, pero no de un modo evidente sino transversal.

La responsable de La Mar de Letras valora de modo especial la colección de Edebé Superpreguntas, un conjunto de pequeños libros realizados por el filósofo francés Oscar Brenifier. Analizar sentimientos y cuestiones filosóficas con un método pedagógico muy original que invita al niño a reflexionar e incita su curiosidad. De Oscar Brenifier y Jacques Després es también un hermoso clásico: Ni sí ni no

(SM), para entender los grandes contrarios del pensamiento a edades tempranas.

Además de El nacimiento del dragón, Faktoría K cuenta en su catálogo con una serie de títulos de Daniela Kulot que, a través de fábulas donde los animales se comportan como personajes humanizados, se plasman situaciones cotidianas, con títulos como Leopoldo y Casilda sobre familias monoparentales.

Leer, en definitiva, es un placer que además ayuda a crecer. Y quizás a ser feliz. Si se acepta, como indica Elsa Punset, que "uno de los elementos que constituyen la felicidad es la sensación de que tienes el control de tu vida". Ganar en autoestima y aprender a manejar las propias emociones augura esa sensación de seguridad personal que una vez que se adquiere nunca abandona.






1 comentario:

Carlos G.P. dijo...

Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
“Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
Su título es: “Veintitrés maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza-“. En él se plantea un modelo educativo que se basa en descubrir la fuerza interior.
Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
Carlos González
P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
* El libro se puede descargar en mi blog